domingo, 11 de marzo de 2012

Capítulo I: Me quedo

-¿Estás segura hija? - Preguntó mi madre. Yo estaba completamente segura de mi decisión. - Esto cambiará todo lo que tenías planeado.
-Lo sé mamá, y estoy muy segura. - Dije certera.
-Quiero que tomes esta decisión por ti, no por mi. Tarde o temprano dejarás esta casa.
-Lo hago por mi. Soy feliz aquí y considero que no estoy lista para algo así.
-Sabes que te apoyo - dijo sonriente.
-Gracias mamá - le devolví la sonrisa.
-Entonces, mañana mismo te iré a matricular a la universidad.
-¿Mañana? - Pregunté algo atónita.
-¿No es lo que quieres?
-Pues sí, solo que me tomaste por sorpresa - reí.

Adoraba poder conversar y hablar de todo con mi madre. Éramos bastante unidas y contábamos la una de la otra y nunca nos sentíamos solas. En aquel momento hablábamos de mi decisión final: quedarme en Australia.
Lo que más quería en el mundo era irme a estudiar a Alemania. Había tenido la oportunidad de realizar un intercambio a aquel país y me gustó muchísimo la experiencia. Me volví más independiente, conocí a muchas personas y me enfrenté completamente sola a aquel mundo desconocido. De todas formas admito que quise volver a mi país varias veces, debido a que hubo momentos en los que no me sentí para nada a gusto ni acogida, pero logré superar todo aquello y seguir adelante.
Una vez en Sidney, mi ciudad, pensé varias veces en la posibilidad de estudiar en Alemania, pero no la tomé en serio hasta fines de mi último año escolar. Podría decir que me ocurrieron ciertos sucesos que hicieron que dudara respecto a mi permanencia en Australia.

Durante mis dos últimos años de secundaria, en Kogarah High School, había conocido a muchísima gente y me había convertido en una de las chicas más populares. Todos morían por saludarme, invitarme a sus fiestas e incluso tenerme como amiga en Facebook. Nunca antes me había ocurrido y realmente disfrutaba mi momento. Tenía a mi grupo de amigas, las de siempre, las de toda la vida, pero además tenía a mi grupo de Street Dance. Resulta que, al comenzar la secundaria, me inscribí en un curso de Street Dance, en el que conocí a muchas personas y donde comenzó mi fama de buena bailarina. En las presentaciones, los demás empezaron a percatarse de la tenacidad de mis movimientos, dando paso a que los días posteriores decidieran saludarme y conversar un poco conmigo. Además, con el grupo que empecé a conocer ahí, logramos sacar adelante al curso, convirtiéndose en el más solicitado por los alumnos de la secundaria.

Yo era la mayor del grupo, por lo que me veían como una especie de líder. Nunca lo tomé mucho en cuenta, dado que simplemente me gustaba bailar y pasar el rato con mis amigos. Tampoco dejé de lado mis estudios, especialmente en el último año, que me preparé para entrar a la universidad.

De lo que no me estaba dando cuenta era de el gigantesco problema que se estaba produciendo en el mismo grupo de amigos...

-¿Que Kate hizo qué? - Pregunté estupefacta.
-Se besó con Matt - respondió Grace, una gran amiga.
-Pero si Kate ya lleva dos años con Ian - no lo podía creer.
-Lo sé, lo sé, y estoy tan sorprendida como tú. Además de eso... - la interrumpí.
-¿Que hizo algo más?
-Pues sí. En la fiesta de cumpleaños de Amanda se besó con Francis.

No podía ser cierto. ¿Francis? ¿Aquel que me besó a mí hacía un mes? ¿El que me dijo que fuésemos amigos, pero que luego no podía estar lejos de mí? ¿Que finalmente yo le gustaba y ahora andaba besándose con otra? El grupo de amigos estaba colapsando...

-Lo siento Alex, sé que él es importante para ti - dijo mi amiga, con cierta compasión en sus ojos.
-Era importante para mi - agregué poniendo énfasis en la primera palabra. Desde hacía unos días que ya no tomaba en cuenta a ese tal Francis, pero este suceso causó en mí que no quisiera verlo ni hablar con él nunca más.

Mi corazón estaba muy herido y no quería interesarme en nadie durante un buen tiempo. Decidí por preocuparme exclusivamente por mi. Aquel chico me había gustado durante un año y bastó una simple acción para que me bajara de la nube en la que me encontraba.
En una fiesta él y yo nos besamos. Fue algo que realmente caló hondo en mi corazón y creí que aquello nos llevaría a por fin estar juntos, pero me estaba muy equivocada. Al día siguiente me pidió que fuésemos solo amigos, dado que lo del día anterior había sido un error. Para no mostrarme arrastrada ni nada, sino que todo lo contrario, fuerte y despreocupada, dije que pensaba lo mismo y que siguiéramos con nuestras vidas, pero a penas lo perdí de vista me largué a llorar con todas mis fuerzas. Habían jugado conmigo.

Demoré en reponerme de aquello, pero por fin comencé a salir adelante. Reconozco que intenté relacionarme con otro chico, quien reflejaba interés en mí, pero no lo logré. Necesitaba un tiempo sola y sin pensar en nadie. 
De lo que no me había percatado hasta cierto día, era que Francis hacía todo lo posible para captar mi atención, desde meterme conversación sobre cualquier tema, hasta querer practicar conmigo los pasos de baile, pero no lo lograba. En un intento desesperado apareció en la puerta de mi casa, queriendo conversar conmigo. Accedí y caminamos unos minutos hasta que le pregunté de qué quería hablar.

-¿Estás saliendo con alguien? - Me preguntó.
-No, ¿qué te hace creer eso? - Pregunté extrañada.
-Te vi bastante interesada en aquel chico de la fiesta de Grace - dijo algo molesto y yo reí para mis adentros.
-¿En quién? - Sabía a quién se estaba refiriendo. - ¿Chris? Solo me agrada. De todas formas no debería importarte el que yo estuviese saliendo con alguien más. Me dejaste bien claro la otra vez que lo que ocurrió entre nosotros fue un error.
-Pues mentí - dejamos de caminar.
-¿Qué? - Mi voz pendía de un hilo.
-Pues eso, mentí. Siempre me has gustado y no quiero perderte - se puso frente mío y me miró fijamente.
-¿Acaso quieres que intentemos algo? - Pregunté incrédula.
-Sí.
-Pues me tomas por sorpresa, aún más cuando faltan dos meses para que te vayas de intercambio.
-Es que - buscó las palabras para expresar lo que estaba pensando - podríamos intentarlo - tomó de mis hombros y me acercó - podemos intentarlo estos dos meses y después cuando vuelva.
-A ver, a ver, momento. ¿Quieres que estemos juntos dos meses, que terminemos para que te vayas libre a Alemania y después, a tu regreso, volver?
-Pues... 
-¿Eres imbécil? - Me alejé. - ¿Crees que soy tan estúpida como para aceptar algo así?
-Pensé que eso nos acomodaría a ambos.
-Pues pensaste mal. -  Suspiré profundamente y traté de calmarme antes de que le diera una merecida cachetada. - Creo que por esto no estamos juntos. No entiendes lo que es el compromiso y no estoy para tus juegos.
-¿Puedo siquiera decir lo que pienso?
-No es necesario, ya me quedó claro. Adiós Francis y no me vuelvas a buscar.

Aquellas palabras fueron las últimas que intercambiamos, puesto que no hablamos hasta que él se fue de intercambio. Nos ignorábamos en Street Dance y en los pasillos de la secundaria. También comencé a alejarme del grupo de amigos que habíamos conformado en el curso de baile. Las cosas habían cambiado mucho y la traición era algo recurrente. Ya no existía confianza con ninguno, salvo en mi caso con Grace. Ambas lamentábamos muchísimo la horrible transformación del grupo: todos se involucraban con todos, se mentían los unos a los otros, reinó la envidia y el rencor.

Pasadas un par de semanas, ya no me juntaba con aquel grupo. Otra chica, Kate, tomó mi "puesto de líder", el cual nunca existió, dado que nunca me consideré realmente una líder, y trató de recuperar lo que éramos antes, cosa que no ocurrió. Todo lo contrario, se supo su desliz con Matt y Francis, por lo que Ian decidió terminar con ella. Ian era mi mejor amigo y lo apoyé en todo momento. Fue duro para él, por lo que lo acompañé y aconsejé en todo lo que necesitara. Pero todo aquello comenzó a cambiar. Pasábamos tanto tiempo juntos que las cosas empezaron a confundirse, hasta el punto en que me terminó gustando... y yo a él.
Comenzamos una especie de relación, que por cierto no tenía nada de seria, dado que era algo que intentaríamos sin compromiso real. Pero el problema era - y es - que él no se comprometía completamente en sus relaciones hasta cierto tiempo de avance de las mismas. Lo sorprendí varias veces bastante cariñoso y cercano a Kate, lo que provocó en mí algo de repudio hacia ambos.

-¿No tienen siquiera un poco de consideración y respeto? - Pregunté molesta y con un tremendo nudo en mi garganta, pero no me iba a permitir botar ninguna lágrima. No podía mostrar debilidad.
-Pero si no hicimos nada - dijo Kate con su dejo de cinismo, característica que había adoptado en el último tiempo.
-¿Nada? Entonces imaginé sus repentinos besos en la mejilla y cuando se tomaban de las manos. Sí, seguro que sí, estoy loca. - Agregué irónica. Odiaba que me tomaran el pelo.
-No volverá a ocurrir - dijo Ian arrepentido.
-Pues no les creo nada. Ustedes, al igual que el grupo, se han convertido en un verdadero asco. No quiero verlos nunca más y tampoco quiero que hagan siquiera el intento por hablar conmigo. Ninguno entiende lo que es el respeto ni la lealtad y fidelidad. Tampoco merezco que sean así conmigo. Nunca tuve alguna mal intención hacia alguno de ustedes ¿y ustedes me responden con esto? ¡Me dan asco! ¡Estar con ustedes fue una real pérdida de tiempo!

Finalicé y me fui de aquel lugar. No volví a verlos ni a hablar con ellos durante meses, simplemente me dediqué a todo el papeleo correspondiente para irme del país. Quería comenzar de nuevo en otro lugar, lejos de aquellas personas que me habían dañado tanto. Pensaba "de seguro que si me quedo aquí, habrá más gente de su tipo, necesito otros aires..." por lo que tenía todo listo para irme... hasta que fui aceptada en la Universidad de Sidney.

Desde mis comienzos en la secundaria que quería estudiar ahí, por lo que mis esfuerzos iban apuntados a aquella opción. No tenía ojos para otra universidad... bueno, hasta que decidí irme del país.
Luego de haber sido aceptada, visité por enésima vez el campus, confundiendo mi decisión. Aquello con lo que había soñado lo tenía en mis manos justo cuando me estaba inclinando por otros rumbos.
Empecé a reflexionar respecto a mi ida. ¿Realmente lo quería? ¿Estaba dispuesta a dejar todo? Después de todo, mi vida estaba en Australia, había forjado un fuerte y claro camino hacia mi futuro. Aún tenía amigos que valían la pena, además de mi familia, quien siempre estuvo presente.
Me di cuenta de que aquella decisión había sido un impulso producto del enojo en mi interior. La rabia me había cegado, sin siquiera considerar todo lo bueno que tenía en casa.

Un día fui a la habitación de mi madre, entré y empecé la conversación con un "me quedo en Australia".