viernes, 17 de agosto de 2012

Volviendo atrás

- Mamá, ven a buscarme por favor - dije a través del teléfono.
- ¿Estás bien? ¿Dónde estás? - Pregunta muy preocupada y angustiada.
- En Martin Place.
- Llego en diez.

Ya no aguantaba más, ¿qué estaba haciendo? Me había convertido en otra persona, ya no era la chica tranquila y tierna que fui durante la secundaria. Me transformé para tratar de encajar en la universidad, olvidándome de quién realmente era. No fue por mucho tiempo, solo un par de meses, pero eso bastó para ser de aquellas chicas que salían siempre a fiestas y que era popular entre los chicos. Nunca exageré con el trago, por lo menos siempre me cuidé en ese sentido. 

Quería ser aceptada, porque siempre pensé que era muy infantil para mis cosas. Cuando entré a la universidad me convencí de que eso estaba mal y que tenía que ser como los demás. Fue entonces cuando conocí a un grupo de chicas que eran bastante populares. Todos las buscaban y querían estar con ellas. Eran muy simpáticas, pero distintas a mí. De todas formas les caí bien y en pocos días ya era una de ellas.

Muchos me saludaban, me buscaban, querían hablar conmigo. Me invitaban a todas partes. Fue difícil, porque yo no acostumbraba a salir siempre, por lo que inventaba excusas cuando no podía ir.

Pero hubo un punto en el que no quise seguir con eso, ya no me reconocía y había bajado un poco mis notas.
Me cansé de las grandes fiestas, de ver a todos borrachos, de ver a varios drogados, de ver a chicas que se dejaban manosear por varios tipos... eso no era lo que yo realmente quería. Quería volver a ser yo misma.

Me alejé del grupo de amigas que tenía y estuve sola por unas semanas. Fue un poco difícil volver a encajar en algún lugar, pero lo logré. El tema es que era uno muy distinto: yo era, prácticamente, la única mujer.

Éramos cinco chicos y yo. Ellos eran unas excelentes personas. Se juntaban a estudiar y me invitaban, a veces solo conversábamos o almorzábamos juntos. Me gustaba el hecho de que no se complicaran tanto como nosotras las mujeres, siempre estaban bromeando y yo me relajaba con ellos. Volví a ser como antes, además de que subí mis notas. Estaba más tranquila y contenta... claro, ya no estaba aparentando.

- Alex, no entiendo mucho lo que estamos viendo en economía, ¿me podrías explicar en algún momento? - Me pregunta Zack, uno de ellos y con quien más hablaba. Había terminado recién la clase de economía y nos dirigíamos al hall del edificio.
- Sí, ningún problema, y yo necesito ayuda en contabilidad - reí - ¿qué te parece un trueque?
- Nos vemos a la salida y vamos a una sala de estudio - sonríe tímidamente y se va. 

Me sorprendí con una tonta sonrisa en mi rostro. ¿Qué me estaba pasando? De pronto, llegó Max de sorpresa.

- Gran sonrisa, Alex - dice algo picarón.
- Qué insinúas - dije poniendo mis ojos en blanco.
- Que te gusta - wow que directo, una de las cosas que no tenían las chicas, pero ellos sí.
- No digas estupideces.
- No son estupideces, te conozco y se te nota - me sonrojé rápidamente.
- ¡¿Se me nota?! - Pregunté muy nerviosa. Vaya, esto se me estaba yendo de las manos. Siempre creí que Zack era lindo, pero nada más que eso.
- ¿Ves? - ríe - se verían lindos juntos.
- Ya cállate - finalizo y voy a la sala de la siguiente clase.

Hacía mucho tiempo que no me gustaba alguien. La última vez que un chico me había parecido interesante fue en el cumpleaños de Julie, pero nunca más volví a saber de Tyler.
Ahora me veía enfrentada a ver a Zack todos los días en todas mis clases, dado que éramos compañeros de sección, luego de estudio y terminamos siendo amigos.

Terminada la última clase, tomé mis cosas y me dirigí al hall del edificio. Estaba nerviosa y con algo alborotados mis pensamientos. En eso llega Zack.

- ¿Alex? - Pregunta para sacarme de mis pensamientos.
- Eh, sí, hola Zack - respondo algo descolocada.
- ¿Vamos?
- Vamos.

Rayos, me gustaba.